El triunfo por 3 a 2 ante Rusia, en Moscú, en un partido que el DT Maradona rechazaba, resultó un estímulo para el equipo nacional, con la mira en el choque con Brasil; sin Messi, hubo señales positivas, pero quedan aspectos del juego por mejorar
MOSCU.- Esta escala en Rusia, que Maradona quería evitar y le levantaba ampollas porque la consideraba inoportuna antes de enfrentar a Brasil, al final le dibujó una gran sonrisa al director técnico y le regaló una caricia y un estímulo al seleccionado argentino. El riesgo, si es que era tan grande como lo querían pintar, valió la pena. La Argentina ganó y no perdió más "soldados" por inconvenientes físicos. Los fantasmas, reales o exagerados, se convirtieron en duendes sobre el magnífico césped del estadio del Lokomotiv. No significa que el 3 a 2 sobre Rusia haya cambiado radicalmente la consideración futbolística que se tenía sobre la Argentina. Sigue siendo un equipo con dificultades en la elaboración del juego y no del todo seguro en defensa. A no confundirse ni dejarse llevar por el carácter transitivo. La victoria de ayer, en un agradable atardecer moscovita primaveral, no permite dar por descontado un triunfo ante Brasil, en el trascendente partido del 5 de septiembre por las eliminatorias.
Definitivamente, parece que los buenos sucesos del equipo de Maradona se relacionan con los amistosos de visitante frente a rivales de respeto. Los dos primeros cotejos del ciclo dejaron los éxitos frente Escocia y Francia. El de ayer se produjo en un momento especial, en el que la confianza no sobra y el equipo debe contrarrestar la incertidumbre que le llega de la mayoría de los hinchas argentinos. En ese sentido, el seleccionado se fue fortalecido de Rusia, con algunas señales positivas y los promisorios rendimientos de individualidades que en algunos casos estaban un poco en deuda, como Agüero, y en otros fueron gratas apariciones, como ocurrió con Dátolo y Lisandro López. No deja de ser noticia que la Argentina ganó sin Messi, su jugador más determinante. Además, arrastra una cantidad de lesionados (Demichelis, Tevez, Verón y Gago) que amenazaban con desestabilizarla aún más.
Más allá de los descuidos que le costaron la derrota, Rusia nunca dejó de ser un adversario de cuidado, tal como indicaban los antecedentes. Tuvo un juego más fluido que la Argentina en el primer tiempo, cuando imponía su sistema de presión con las líneas del equipo bien juntas y agrupadas. Se nota que el técnico holandés Guus Hiddink les inculcó el buen gusto por la pelota (llegaron a tejer una jugada con no menos de 15 toques). Todos la cuidan y tratan de asegurarla, mientras Arshavin agrega las cuotas de talento y repentización. Ya a los 30 segundos, el mediapunta de Arsenal, con su mirada de ardilla, puso con una asistencia en situación de gol a Kerzhakov, cuya repetida ineficacia le evitó más dolores de cabeza a la Argentina.
La intensidad de Rusia llevaba al seleccionado a caer en imprecisiones. La Argentina aprovechó algunas pérdidas de pelota de los locales en su campo y sorprendió con los cambios en el segundo tiempo. Veamos las cuestiones más salientes, entre lo positivo y lo negativo, que dejó el encuentro:
En el balance general, los beneficios fueron más que los costos para la Argentina. Tanto, que Maradona cambió su discurso agorero por otro mucho más optimista. La mejor lectura quizá sea el equilibrio.
3 amistosos en Europa jugó la Argentina desde que la conduce Maradona, y ganó los tres: ante Escocia (1-0), Francia (2-0) y Rusia (3-2).
Fuente: La Nación









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