
Se consagró como el mejor de América al superar por 2 a 1 a Cruzeiro; en el Mineirao, se reencontró con el título luego de 39 años
BELO HORIZONTE.? No era una utopía. La misión no era imposible. Lo demostró Estudiantes, que apeló a su orgullo para sacar adelante un desafío que no lo tenía como favorito en los papeles, pero que lo encontró como digno y gallardo campeón en el campo. En ese Mineirao que se veía como una enorme fortaleza inexpugnable, el Pincha pudo con todo y se consagró campeón de la Copa Libertadores por cuarta vez en su historia. Con un dato que no es menor: volvió a la gloria en la 50a edición del torneo continental más deseado. Casi un símbolo para aquella mística que no se extinguió aunque hayan pasado 39 años de su última conquista.
Las lágrimas se perdían en el césped, confundidas entre decenas de brazos que apuntaban al cielo. Entre gritos y saltos, recuerdos de hazañas y el desahogo final, los jugadores de Estudiantes, gestores de una noche inolvidable, no cesaban de cantar el "¡Dale campeón!", como un himno que estalló inevitable, rompiendo el silencio doloroso de los hinchas locales.
Desde el comienzo, Estudiantes intentó manejar el partido con ímpetu; la medida de la cancha no le facilitó las cosas, pero intentó mostrarse compacto. En ese escenario apostó por el juego friccionado y, por momentos, maniató las intenciones de Cruzeiro, pero en otros terminó enredado en una fuerza desmedida carente de sentido. Pero ese no fue, por cierto, el único repertorio del equipo del equipo dirigido por Alejandro Sabella. Atacó como pudo o como lo dejaba la última línea brasileña, y con Gastón Fernández y Mauro Boselli como abanderados y, sin dudas, con el juego cerebral de Sebastián Verón.
El desarrollo que muchos imaginaban en la teoría y que se había dado en el primer partido se continuó en la segunda final. Se observó la presencia del Pincha y cierta influencia psicológica. Fundamentalmente, porque Cruzeiro se lo permitió. Pese a algunos inconvenientes futbolísticos, el Pincha asumió el examen de temperamento y actitud que le exigía el Mineirao. No lo acomplejó el ambiente.
Cruzeiro armó dos situaciones claras en el primer tiempo a partir de las proyecciones de Paulista, oportunidades que convirtieron a Mariano Andujar en una figura destacada. Estudiantes ideó dos, ambas desperdiciadas por Boselli. La primera después de una pifia, tras un pase de la Gata Fernández, y la siguiente fue interceptada con lo justo por Magrao.
Despliegue y pierna fuerte, los atributos de un medio campo que lideraron Verón y Braña, a veces con excesos. Y como los brasileños no se quedaron atrás, hubo forcejeos y juego cortado. Incluso hubo reacciones desmedidas en los dos equipos que hubieran merecido un castigo más duro del árbitro chileno Carlos Chandía.
Las teorías, previsiones y palabras del entretiempo recibieron muy pronto un sacudón que les quitó poderío. Un sacudón que viajó por el aire e impactó en el cuerpo de Leandro Desábato para clavarse en un costado del arco de Andujar. El derechazo descomunal de Henrique revolucionó cualquier plan.
Pero una gran virtud de Estudiantes tras el gol es que no acudió a la desesperación para tratar de revertir el desarrollo. Sobre todo porque encontró comodidad para reacomodarse en un contraataque que comenzó Verón con un pase en profundidad para Cellay. El defensor metió un centro en el área chica que sorprendió al arquero Fábio y le dejó el tanto servido a la Gata Fernández para el 1-1.
El Pincha hizo lo que más le duele a todo equipo brasileño: no le demostró temor. Gobernaba en la batalla del medio campo. Era tiempo de decir presente otra vez. Era el momento para que Boselli agigantara su figura con el cabezazo gritado por todo el pueblo Pincha. Para vivir una noche inolvidable. Para gritar campeón de América. Un grito para siempre.
- Argentina amplió la ventaja
En la Copa Libertadores, los equipos argentinos suman ahora 22 títulos; los siguen los brasileños, con 13, y los uruguayos, con 8.
Una serie positiva de argentinos sobre brasileños
En las últimas cinco finales jugadas contra un equipo brasileño, siempre ganaron los argentinos: Vélez la logró en 1994 (ante San Pablo) y Boca, en 2000, 2003 y 2007 (contra Palmeiras, Santos y Gremio, respectivamente), a las que se sumó el éxito Pincha.
EL DATO IILos Verón, con la misma gloria que los Goncalves
La Brujita (foto) ganó la misma copa que su padre Juan Ramón se llevó en 1968, 69 y 70, al igual que Néstor (1960/61/66) y Jorge Goncalves (1987), de Peñarol, de Uruguay.
EL INVICTOCon Sabella como DT, no sabe lo que es una caída
Desde que Alejandro Sabella asumió como entrenador, Estudiantes no perdió nunca en la Copa Libertadores. De once cotejos jugados, ganó ocho (incluida la final de anoche) e igualó en tres oportunidades.
Gentileza Diario La Nación









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